Entrevista con José Manuel Bou Blanc.

¿Qué le llevó a escribir un libro titulado “El Sueño de España”?

España es la patria de la que se han dicho cosas como que es el brazo de Dios en el mundo, que representó un momento superior en la especie humana o que es odiada porque es diferente y noble, pero también es la patria donde te pueden agredir (o en casos extremos incluso asesinar) por llevar una prenda con la bandera nacional o donde existen los separatismos, que parecen la expresión de un impulso suicida. Quería entender esta paradoja y también determinar en que podría basarse un patriotismo español operativo en el siglo XXI. ¿El “patriotismo constitucional” de PP y Ciudadanos? ¿El patriotismo deportivo de los aficionados al futbol o al tenis? ¿El patriotismo tradicional basado en el trono y el altar? ¿Puede España prescindir de sus motivaciones esenciales durante siglos sin traicionarse a sí misma? ¿Cuál es ese proyecto sugestivo de vida en común, a decir de Ortega, que pueda revitalizar nuestra patria?

Su libro no es exactamente un manual de historia, pero tampoco un ensayo. ¿Cómo lo definiría?

Ciertamente el libro no es una historia de España, aunque contiene una historia de España, necesariamente resumida y esquemática, pero he procurado que bastante completa. Por desgracia la historia de España no es un lugar común, conocido por todo el mundo y respecto al que exista un consenso sobre sus hechos fundamentales, sino una fuente continua de polémicas. Por poner un ejemplo, existen libros de historia donde se dice que los musulmanes no invadieron la península, sino que “entraron” en ella y se expandieron rápidamente “debido a su tolerancia”. También hay facultades de historia donde se prohíbe utilizar el término “Reconquista” o donde es habitual hablar de la “confederación catalano-aragonesa” en lugar de la Corona de Aragón. Para hablar de temas relativos a la historia de España era necesario fijar unos hechos básicos sobre lo que entendemos por dicha historia de España. 

El libro también contiene una historia de la cultura española, entendiendo por tal la ciencia, la literatura, el arte y el pensamiento, para rebatir a la Enciclopedia de la Ilustración francesa cuando decía que España no había aportado nada a Europa y para deducir de sus mitos literarios, además de sus personajes históricos, un carácter nacional, pero tampoco es una historia de la cultura. También contiene reflexiones sobre la relación de España con América, con la religión católica, con la Civilización cristiana, con el liberalismo, con la masonería, con la leyenda negra y con muchos conceptos fundamentales más, pero tampoco es exactamente un ensayo sobre ninguna de esas cuestiones. Es, digamos, la suma de todas estas cosas y alguna más. El último capítulo, que justifica a su vez todo el libro, trata de como la tradición hispano-católica puede ser útil para revertir la decadencia de la Civilización occidental.

En relación a esta respuesta, uno de los temas que trata el libro es de la relación de España con el conjunto de la Civilización europea-occidental-cristiana. ¿Cómo definiría esa relación?

Digo en el libro que España es, a la vez, madre e hija de Europa, porque la primera civilización europea fue la de los tartesos, en la Península, y porque el predominio europeo llegó a su máxima expresión con el Imperio español. También digo que cuando la cultura occidental vuelva a poner en su centro a Dios, cuando vuelva a creer en el bien, la verdad y la belleza, cuando estas ideas, que en el fondo son una sola, vuelvan a ser la estrella polar que marca el norte y guía en el camino; cuando Europa y su civilización vuelvan a ser una misión y no un negocio, España volverá a ser grande de nuevo, será llamada por la propia cultura a liderar la civilización, porque esa es su naturaleza, su carácter y su destino. Cuando llegue ese día, en España volverá a no ponerse el sol.

A lo largo de las páginas del libro se menciona varias veces que España padece un problema de autoestima colectiva que llega a calificar de depresión o desmoralización nacional. ¿A qué cree que se debe y como podría revertirse?

Se debe a que la leyenda negra, una versión calumniosa sobre nuestra historia urdida por sus enemigos geoestratégicos como propaganda de guerra anti-imperial y de cuya falsedad no duda ningún historiador serio, fue creída y asumida dentro de la propia España, tímidamente con el cambio de dinastía en la Guerra de Sucesión y ya de un modo mayoritario tras el desastre del 98 en la Guerra de Cuba. La sensación de fracaso que generó el resultado de este conflicto encontró en la leyenda negra una explicación congruente, aunque profundamente falsaria, preparada para su uso y que contaba con la ventaja de atribuir ese fracaso a razones históricas y no a los errores de la clase dirigente española política e intelectual de la época, que quedaba así exculpada. De pronto, la culpa de los problemas de la España contemporánea no era de sus dirigentes contemporáneos sino de don Pelayo, del Cid y de los Reyes Católicos. Para curarnos de esa enfermedad autodestructiva necesitamos rebatir eficazmente la leyenda negra y volver a tener fe en nuestras posibilidades. Si nos dejamos de absurdos complejos y creemos en nosotros mismos, no habrá nada que no podamos lograr como pueblo.

Entonces, ¿la historia de España no es anormal en su entorno ni existe el “cainismo” español ni su catolicismo ha representado un retraso en el desarrollo científico?

En absoluto. España no tiene una historia equivocada ni enferma. No es especialmente cainita ni se caracteriza por sus querellas internas. Más bien, durante etapas muy prolongadas de su historia, ha sido lo contrario, manteniendo una cohesión social envidiable frente a otras patrias desgarradas por las guerras de religión. No está lastrada por el oscurantismo religioso ni por la inquisición, ni se equivocó de Dios en la Reforma, sino que, precisamente, los protestantes se inventaron a otro dios para destruir el Imperio español, causando infinidad de males por el camino. El Imperio español tuvo más desarrollo científico, más contraste de ideas, más actividad intelectual y más libertad de expresión que sus rivales coetáneos.

En la revista La Emboscadura hemos señalado al liberalismo como el enemigo principal. ¿Cuál es la relación de esta ideología con la historia de España?

Es una relación controvertida. Pese a que la palabra “liberal” es de origen español, lo cierto es que el pueblo llano nunca sintió esos planteamientos como propios y los consideró “ideas extranjeras”. Los liberales españoles fueron siempre minorías ajenas al sentir nacional. Es cierto que la introducción del liberalismo fue conflictiva en todas partes, pero en otras naciones parte de las clases populares veían con simpatía las nuevas ideas porque de algún modo parecía que restauraban su orgullo herido por los abusos de la nobleza. En España, sin embargo, y como se percataban sorprendidos los viajeros, la dignidad estaba hasta en el aire que se respiraba. Los españoles ya habían puesto en su sitio a la nobleza apoyando a los Reyes Católicos siglos antes y se sentían dignos herederos de los hombres que habían conquistado un Imperio en el que no se ponía el sol. Curiosamente, la primera institución en la que entraron las ideas liberales fue el ejército, por lo que en España el liberalismo se impuso a base de golpes militares y guerras civiles. 

En su texto defiende que España genera un determinado tipo humano caracterizado por un estilo, una manera de ser particular. ¿Cómo es la manera de ser española?

Es el tipo humano que podemos encontrar en personajes históricos como el Cid, Guzmán el Bueno o, siglos más tarde, su equivalente, el General Moscardó, o en héroes de la insurrección contra los franceses, como el Palleter, pero también en mitos literarios, por supuesto el Quijote y Sancho, pero a mi entender más aún el alcalde de Zalamea o los lugareños de Fuenteovejuna. Se caracteriza por aplicar a su vida lo que los Reyes Católicos quisieron para España: que no fuera el feudo de un señor ni, como fueron las naciones protestantes de incipiente capitalismo, un negocio, sino una misión. De igual modo, el español, el caballero cristiano de la Hispanidad, no concibe su vida como en la cultura anglosajona, como un negocio donde tiene más éxito quien más dinero gana, sino como una misión. Una misión que debe cumplirse con acendrado sentido del servicio y del sacrificio, del honor, de la dignidad y del respeto por sí mismo, necesario para poder respetar verdaderamente a los demás.

El objetivo básico de la vida para el tipo humano español no es acumular riquezas ni tener éxito social, ni siquiera ser feliz. El objetivo básico de la vida para el tipo humano generado por la cultura de la Hispanidad es conseguir la salvación, tanto religiosa, para los creyentes, como, para todos, la de la preservación del honor y la dignidad en la vida terrena. Valores que pertenecieron solo a las castas nobles en otras naciones y que se corrompieron rápido, degenerando en ridículas imposturas, permanecieron presentes e impolutas en los españoles y en los hispanos por todo el mundo, nobles y plebeyos, señores y hombres sencillos, durante siglos y siglos de nuestra historia y aún los oímos gritar en nuestra sangre si la sabemos escuchar.

¿Qué consejo les daría a los jóvenes patriotas españoles después de haber escrito este libro?

Felipe II respondía a los infundios de la leyenda negra con auditorias fiscales o tratados de teología, que eran muy poco eficaces, porque la leyenda negra se expresaba en un panfleto en el que se veía a Lutero defecando encima del Papa y, frente a eso, los tratados de teología no son efectivos. No se trata de oponer a las mentiras o insultos del argumentario antiespañol otras falsificaciones u ofensas similares, porque la verdad, que nunca perjudica a una causa noble, y la elegancia están “de nuestro lado”. Lo que sí será necesario será oponer a la propaganda hispanófoba una propaganda que la contrarreste efectiva; veraz, pero eficaz; capaz de sintetizar procesos complejos en ideas sencillas y comprensibles, y de repetirlas tantas veces como nuestros enemigos repitan las contrarias. En esa tarea no podemos renunciar a la exaltación poética de nuestro patriotismo. Dejar la poesía en exclusiva en manos del enemigo no es una buena idea. Les aconsejaría a los jóvenes patriotas que no renuncien a la poesía, que recuerden el patrimonio moral de sus antepasados y que traten de ser dignos del mismo, para que sus hijos también puedan heredarlo.

Muchas gracias por atender a nuestras preguntas.

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