Peces payasos. Sardinas en la corte de Benetton

DIEGO FUSAROPeces payasos. Sardinas en la corte de Benetton

Traducido por Michela Ferrante Lavín

Hay imágenes que hablan más que las palabras y lo hacen con el poder expresivo inmediato que es propio del campo de la visión. Entre estas imágenes parlantes se puede incluir, justamente, la que ha circulado más en la web en los últimos días. Esta imagen muestra al líder de las Sardinas en la corte de los Colores Unidos de Benetton, ante la presencia del vate Oliviero Toscani, el fotógrafo oficial del globalismo infeliz y de su clase de referencia sin fronteras. Es una magnífica foto familiar que inmortaliza a amos y chambelanes, a ancilas y serviciales peones del poder en forma de sardinas. Una foto que, por supuesto, no ha sido ‘robada’, como se suele decir empleando el vocabulario propio de la fotografía. Los protagonistas sonríen e incluso posan, orgullosos de representar el lado bueno de la historia: el desarrollo, el progreso técnico y, por supuesto, el verbo único de lo políticamente correcto. Figuran todos juntos y felices, en suntuosos lugares patricios, a una distancia segura de los viles plebeyos itálicos que siguen interesándose por problemas triviales como el hogar o el trabajo y que, con su barbarie innata, no se abren al sueño de los Colores Unidos de la globalización y de la openness cosmopolita de los flujos ilimitados de deseos, bienes y seres humanos mercantilizados. Los ‘colores unidos’, si bien se mira, son los del ‘monocromatismo absoluto’ (Hegel) del mercado pantoclasta y sin fronteras. Curiosamente, en esta foto aparece también un muro muy alto, que separa a los privilegiados de la corte de Benetton del resto del mundo y simboliza magníficamente el modus operandi de los amos del vapor que luchan contra todos los muros en nombre de la libre circulación y, al mismo tiempo, levantan muros cada día más altos para separar herméticamente a los primeros de los últimos, a los opresores de los oprimidos, a los amos de los esclavos.

La posición asumida por los patricios protagonistas de la foto es reveladora. Es una especie de ‘primer estado’ privilegiado y rico que se detiene en un lozano jardín disfrutando de la abundancia de bienes y oportunidades que le proporciona la globalización, mientras que a la mayoría de la raza humana le va quitando lo imprescindible para vivir. Dichas y desdichas de la globalización coexisten, divididas injustamente entre amos y esclavos, entre quienes tienen acceso al jardín secreto de los señores y quienes están excluidos. En la foto, el líder político, con su torpe sonrisa y la omnipresente diademada ‘generalmente correcta’ en la cabeza, apoya una mano sobre el pecho, como si fuera un gesto de participación emocional ante tal importante encuentro: el reconocimiento, tan deseado, por parte de aquellos que cuentan realmente. Los amos del vapor. Los mismos que los ‘sardínicos’ manifestantes han apoyado tanto en los últimos meses, con el intento de frenar el riesgo populista y el posible retorno de la decisión soberana democrática contra los automatismos tecnocráticos de esos mercados especulativos que siempre tienen que tener la razón. Por si fuera poco, después de la foto vino también la bendición de George Soros que en el Corriere della Sera celebró a las Sardinas y su nadar siguiendo las corrientes de la sociedad abierta. ‘Dime con quién vas y te diré quién eres’, se solía decir. A este refrán, sagaz y siempre actual, se puede agregar otro: ‘Dime cómo te trata el poder y te diré quién eres realmente’.

¿Siguen teniendo dudas sobre la identidad de las Sardinas? ¿Siguen teniendo dudas sobre la verdadera esencia de estos ‘peces payasos’ que, sin espinas ni columna vertebral, se mueven siguiendo siempre las corrientes ‘globalmente correctas’, y se oponen a todo lo que va en contra de la globalización neofeudal? Sabemos muy bien cuáles son los colores unidos de las Sardinas: el fucsia de las izquierdas descoloridas, que se han pasado al bando de los amos, y el arco iris chillón, detrás del cual se oculta el gris del nihilismo opresor de la sociedad de mercado global.

Traducido por Michela Ferrante Lavín

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